Recuerdo perfectamente aquella mañana en el mercado de Ruzafa durante mi segundo trimestre con Emma. De repente, mientras elegía naranjas, sentí que todo giraba a mi alrededor. Me agarré al puesto y la frutera, una señora mayor que me conocía del barrio, me trajo rápidamente una silla y un vaso de agua. «Es normal, bonita, a mí me pasaba con todos mis embarazos», me dijo con una sonrisa tranquilizadora.
Los mareos durante el embarazo fueron algo que experimenté con mis tres hijos, pero con diferentes intensidades y en distintos momentos. Cuando investigué sobre «¿es normal el mareo durante el embarazo?» durante mi primera gestación, encontré información valiosa gracias a Sevil, mi fisioterapeuta de origen turco que se especializaba en atención prenatal.
Causas comunes de los mareos durante el embarazo
Los mareos son una queja muy frecuente durante la gestación. Según me explicó la Dra. Fernández durante mi primer embarazo con Lucas, estos son los principales factores:
Cambios hormonales y circulatorios
Durante el primer trimestre, los niveles de progesterona aumentan significativamente, provocando que los vasos sanguíneos se dilaten. Esto reduce la presión arterial y puede disminuir el flujo de sangre al cerebro, resultando en mareos.
Con Lucas, mis mareos comenzaron alrededor de la semana 6 y continuaron hasta aproximadamente la 14. Coincidían perfectamente con las náuseas matutinas, formando una combinación bastante desafiante mientras intentaba seguir trabajando como maestra.
Hipoglucemia (bajada de azúcar)
Los cambios en el metabolismo durante el embarazo pueden causar bajadas de azúcar, especialmente si pasamos muchas horas sin comer.
Durante mi embarazo de Emma, descubrí que mis mareos estaban muy relacionados con este factor. Si dejaba pasar más de 3 horas sin comer algo, el mareo aparecía casi con seguridad. Empecé a llevar siempre en el bolso frutos secos y galletas integrales, consejo que me dio mi matrona del centro de salud de Benimaclet.
Anemia o deficiencia de hierro
El volumen sanguíneo aumenta hasta un 50% durante el embarazo, pero a veces la producción de glóbulos rojos no sigue el mismo ritmo, resultando en anemia.
Con Mateo, mi tercer embarazo, los análisis del segundo trimestre mostraron niveles bajos de hierro. La Dra. Fernández me recetó suplementos y, efectivamente, los mareos que estaba experimentando disminuyeron considerablemente después de unas semanas de tratamiento.
Síndrome de hipotensión supina
Este nombre tan técnico se refiere simplemente a lo que ocurre cuando te tumbas boca arriba durante el embarazo: el útero presiona la vena cava inferior, reduciendo el retorno venoso al corazón.
Aplicando lo que aprendí como maestra sobre anatomía básica, pude entender por qué con Emma (que fue mi embarazo más grande) me mareaba terriblemente si me tumbaba boca arriba durante las ecografías. La técnica siempre me pedía que me recostara ligeramente hacia la izquierda, lo que aliviaba inmediatamente la sensación.
¿Cuándo son normales los mareos y cuándo deberían preocuparnos?
Después de tres embarazos, he aprendido a distinguir entre los mareos «normales» y los que requieren atención médica:
Mareos considerados normales durante el embarazo:
- Mareos ocasionales al levantarse rápidamente (lo que los médicos llaman hipotensión ortostática).
- Sensación de inestabilidad breve que se resuelve al sentarse o cambiar de posición.
- Mareos leves asociados al calor, espacios cerrados o periodos prolongados de pie.
- Episodios que mejoran con comida, agua o descanso.
Durante las mañanas cuando llevaba a Lucas al colegio durante mi embarazo de Mateo, solía sentir un ligero mareo al incorporarme después de atarle los zapatos. Aprendí a hacer los movimientos más lentamente y el problema prácticamente desapareció.
Señales de alarma que requieren atención médica:
- Mareos acompañados de dolor abdominal o sangrado vaginal.
- Desmayos completos (pérdida de conocimiento).
- Mareos con palpitaciones intensas o dolor en el pecho.
- Episodios que no mejoran con las medidas habituales.
- Mareos con visión borrosa persistente o dolor de cabeza intenso.
Con Emma tuve un episodio que me asustó mucho: un mareo tan intenso que casi me desmayo, acompañado de un fuerte dolor de cabeza. No dudé en acudir a urgencias, donde descubrieron que mi presión arterial estaba inusualmente alta. Requirió monitorización durante el resto del embarazo, aunque afortunadamente no desarrollé preeclampsia.
Estrategias efectivas para manejar los mareos durante el embarazo
Estas son las estrategias que, después de tres embarazos, puedo decir que realmente funcionan:
Cambios en la alimentación
- Comidas pequeñas y frecuentes: Con Mateo adoptamos el sistema de «5 minicomidas» que me recomendó la nutricionista. Los mareos disminuyeron notablemente.
- Proteína en cada comida: Descubrí que incluir algo de proteína (yogur, huevo, legumbres, etc.) en cada ingesta estabilizaba mis niveles de azúcar.
- Desayuno antes de levantarse: Miguel me traía unas galletas y un vaso de leche antes de que me levantara de la cama, especialmente durante el primer trimestre con Lucas cuando las náuseas eran intensas.
- Mantener la hidratación: Con Emma, mi embarazo de verano en Valencia, aprendí que la deshidratación empeoraba significativamente los mareos.
Modificaciones en las actividades diarias
- Levantarse despacio: Especialmente por las mañanas o después de estar sentada mucho tiempo.
- Evitar estar de pie inmóvil: Durante mi embarazo de Lucas seguía dando clases, y aprendí a moverme constantemente por el aula en lugar de permanecer de pie en un solo lugar.
- Evitar ambientes calurosos y aglomerados: El calor valenciano fue particularmente desafiante durante mi embarazo de Emma. Aprendí a hacer las compras a primera hora de la mañana.
- Descansos frecuentes: Con Mateo, siendo ya madre de dos niños, tuve que aprender a pedir ayuda y programar momentos de descanso durante el día.
Técnicas específicas para momentos de mareo
- Posición segura: Sentarse con la cabeza entre las rodillas o tumbarse de lado (preferiblemente izquierdo).
- Respiración profunda: Inhalar por la nariz contando hasta 4, mantener 2 segundos, exhalar por la boca contando hasta 6.
- Puntos de presión: Mi fisioterapeuta Sevil me enseñó a presionar el punto situado entre el pulgar y el índice (punto Hegu en acupresión) para aliviar mareos momentáneos.
- Bandas de acupresión: Utilicé bandas para las muñecas durante mi primer trimestre con Mateo, y aunque no estoy segura si fue efecto placebo, sentí que me ayudaban.
En teoría perfecto, en la práctica sabemos que cuando estás en el supermercado con un niño de 6 años preguntando por chocolatinas y una de 3 años queriendo salir del carrito, las técnicas de respiración profunda son difíciles de implementar. Por eso siempre llevaba una botella de agua fría y algún snack en el bolso.
Remedios caseros y naturales que funcionaron para mí
Como siempre digo a las madres en mi grupo «Madres Unidas Valencia»: cada cuerpo es diferente y lo que funciona para una puede no funcionar para otra. Estos son los remedios que me ayudaron:
Infusiones y alimentos específicos
- Jengibre: En cualquier forma (té, caramelos, galletas) fue mi salvador con las náuseas y mareos de Lucas.
- Menta: Un té de menta fresca de nuestro balcón me ayudaba con Emma, especialmente en las tardes calurosas.
- Limón: Oler un limón recién cortado me proporcionaba alivio inmediato con Mateo.
- Agua de melisa: Mi suegra, fiel a las tradiciones valencianas, me preparaba esta infusión que debo reconocer que me sentaba muy bien.
Aromaterapia y otros enfoques
- Aceite esencial de lavanda: Unas gotas en un pañuelo para oler cuando sentía que venía un mareo.
- Acupuntura prenatal: Con Emma, mi embarazo más difícil en términos de mareos, acudí a sesiones semanales que me ayudaron notablemente.
- Pulseras de acupresión: Como mencioné antes, las usé con Mateo y sentí cierto alivio.
Durante las mañanas cuando el mareo era más intenso con Lucas, Miguel ponía unas gotas de aceite esencial de limón en un difusor cerca de la cama. No sé si tenía un efecto fisiológico real, pero psicológicamente me preparaba para enfrentar el día con más optimismo.
Experiencias con diferentes profesionales sanitarios
A lo largo de mis tres embarazos, consulté con diferentes profesionales sobre los mareos:
Ginecólogo/Obstetra
La Dra. Fernández siempre me tranquilizó explicando que los mareos eran un síntoma común, pero también fue diligente en descartar problemas como anemia o presión arterial anormal.
Con Mateo, debido a mi edad (ya tenía 33 años), fue especialmente meticulosa en los controles y me derivó a un hematólogo cuando mis niveles de hierro bajaron significativamente.
Matrona
Mi matrona del centro de salud de Benimaclet fue quien más consejos prácticos me dio. Desde técnicas de respiración hasta recomendaciones nutricionales específicas.
Con Emma, cuando los mareos eran más intensos por el calor del verano valenciano, me enseñó a reconocer los primeros signos de deshidratación y cómo prevenirla eficazmente.
Fisioterapeuta especializada en atención prenatal
Sevil, mi fisioterapeuta de origen turco, me introdujo a técnicas de acupresión y ejercicios específicos para mejorar la circulación.
Durante mi embarazo con Lucas, me enseñó una rutina de estiramientos suaves para hacer cada mañana antes de levantarme, lo que reducía significativamente los mareos matutinos.
Aspectos psicológicos de los mareos durante el embarazo
Un aspecto que no se habla lo suficiente es el impacto psicológico que pueden tener los mareos constantes:
Ansiedad y mareos: un círculo vicioso
Con Lucas, mi primer embarazo, cada episodio de mareo me generaba ansiedad, lo que a su vez empeoraba los mareos. La Dra. Fernández me explicó que la ansiedad puede causar hiperventilación, que empeora la sensación de mareo.
Aprendí técnicas de respiración diafragmática que me ayudaron a romper este círculo. Con Emma y Mateo, al entender mejor lo que me estaba pasando, la ansiedad fue mucho menor.
El impacto en la vida diaria
Los mareos frecuentes pueden limitar significativamente las actividades cotidianas. Con Emma, hubo un periodo en el segundo trimestre donde apenas podía llevar a Lucas al parque o hacer la compra sin sentirme mal.
Miguel fue un gran apoyo, reorganizando nuestras rutinas familiares temporalmente. También aprendí a ser más flexible con mis expectativas sobre lo que podía lograr cada día.
Estrategias de afrontamiento emocional
Compartir mis experiencias en el grupo de preparación al parto fue terapéutico. Descubrir que otras mujeres pasaban por lo mismo normalizó mi experiencia.
También empecé a llevar un diario de embarazo con Lucas, donde anotaba no solo los síntomas físicos sino también mis emociones. Revisarlo durante mis embarazos posteriores me ayudó a recordar que los síntomas difíciles son temporales.
Reflexiones finales: La perspectiva después de tres embarazos
Después de experimentar mareos en tres embarazos diferentes, puedo decir que cada uno fue único. Con Lucas, los mareos vinieron principalmente en el primer trimestre junto con náuseas. Con Emma, fueron más intensos y prolongados, afectados por el calor del verano valenciano. Con Mateo, estuvieron principalmente relacionados con la anemia que desarrollé.
Lo que he aprendido es que los mareos, aunque molestos y a veces limitantes, son generalmente una respuesta normal del cuerpo a los enormes cambios que ocurren durante el embarazo. Aprender a manejarlos es parte del viaje, y cada embarazo nos enseña algo nuevo sobre nuestro cuerpo y nuestra capacidad de adaptación.
Mi consejo para las embarazadas que experimentan mareos es: sé proactiva en el manejo de los síntomas, comunica claramente lo que sientes a tus profesionales sanitarios, y recuerda que pedir ayuda no es una debilidad sino una forma de cuidar de ti y de tu bebé.
Como siempre digo, cada embarazo es un mundo, pero espero que mi experiencia con Lucas, Emma y el pequeño Mateo te sirva de guía. Ahora que Mateo tiene ya 3 meses, miro atrás a esos días de mareos y náuseas con cierta nostalgia, recordando que cada malestar valió la pena al tener finalmente a mis tres tesoros conmigo.
Cuéntame en los comentarios tus experiencias con mareos durante el embarazo, ¡siempre aprendo tanto de vosotras! Y ahora, mientras Mateo hace su siesta y antes de que Emma vuelva de su clase de ballet, aprovecharé para tomarme ese té de jengibre que tanto me ayudó durante los embarazos y que se ha convertido en una costumbre que mantengo.