Si has llegado a este artículo, probablemente estás leyendo con un bebé llorando en brazos o aprovechando esos preciosos minutos de silencio para buscar respuestas. Te entiendo perfectamente. Con tres hijos a mis espaldas, el llanto incesante es una melodía que conozco demasiado bien, especialmente ahora con mi pequeño Mateo de 3 meses.
Cuando buscaba información sobre «por qué mi bebé llora constantemente» durante aquellos días difíciles con Lucas, mi primogénito, encontré recursos valiosos gracias a una amiga turca que vive en Valencia. Hoy quiero compartir todo lo que he aprendido sobre este tema que nos quita el sueño a tantas madres.
Razones comunes del llanto persistente en bebés: Más allá del «porque sí»
El llanto es el único lenguaje que tienen nuestros bebés durante sus primeros meses. Como me dijo la Dra. Fernández en una de esas visitas desesperadas con Lucas: «Isabella, el llanto no es malo en sí mismo, es su forma de comunicarse. El problema es que tienen un único botón para todas sus necesidades».
Después de tres bebés, he identificado estas como las causas más frecuentes:
- Hambre: El motivo más obvio, pero a veces confundimos las señales previas y esperamos hasta que están desesperados.
- Sueño: Un bebé sobreestimulado o cansado llora de manera diferente. Con Emma era dramático.
- Incomodidad: Desde pañales sucios hasta etiquetas de ropa que les molestan.
- Gases o cólicos: El famoso «dolor de barriga» que suele aparecer en las tardes.
- Necesidad de contacto: A veces, simplemente necesitan sentirse cerca de nosotras.
- Sobrestimulación: Demasiados estímulos, luces, ruidos o visitas.
- Temperatura: Demasiado calor o frío (aquí en Valencia, el calor del verano ha sido un verdadero reto con Mateo).
- Reflujo gastroesofágico: Fue el caso de Lucas, que lloraba después de cada toma.
Durante las primeras semanas con Mateo, me volví loca intentando descifrar su llanto hasta que recordé algo fundamental: a veces lloran porque están procesando sensaciones nuevas o simplemente porque están adaptándose a este mundo tan diferente del vientre materno.
Cómo distinguir entre diferentes tipos de llanto: El diccionario que toda madre necesita
Con Lucas estaba perdidísima. Con Emma empecé a notar patrones. Con Mateo ya puedo presumir (algunos días) de entender qué me está «diciendo»:
Llanto de hambre
- Comienza suave y se intensifica rápidamente
- Suele venir acompañado de movimientos de búsqueda con la boca
- Puede chuparse el puño
- Ritmo: «ñe, ñe, ñe» (corto y repetitivo)
Llanto de cansancio
- Suele ser quejumbroso, casi como un lamento
- Se frota los ojos o las orejas
- Puede alternarse con bostezos
- Ritmo: «aaaa, aaaa» (más prolongado)
Llanto de dolor
- Súbito e intenso
- Puede acompañarse de rigidez en las piernas (las sube hacia la barriga si es dolor abdominal)
- Es difícil de consolar
- Ritmo: agudo y puede incluir momentos de contención y después explosión
Llanto de aburrimiento o atención
- Intermitente y puede parar cuando te acercas
- No muy intenso pero persistente
- Se calma al cambiar de ambiente o al interactuar
- Ritmo: puede empezar y parar, como probando si funciona
Con Mateo he aprendido algo curioso: tiene un llanto específico cuando tiene calor que no hacían sus hermanos. Es un lloriqueo constante pero no muy fuerte, acompañado de sudoración en la nuca.
Como siempre digo a las madres en mi grupo «Madres Unidas Valencia»: «Vuestro instinto maternal es más fiable de lo que creéis. Daos tiempo para conocer el lenguaje único de vuestro bebé».
El cólico del lactante: El terror de las tardes que nadie te advierte
¡Ay, los cólicos! Esas sesiones de llanto intenso, generalmente a la misma hora cada día (normalmente al atardecer), que pueden durar horas y parecen no tener solución.
Con Lucas sufrimos cólicos desde las 2 semanas hasta casi los 3 meses. Recuerdo esas tardes interminables paseando por el pasillo de casa, cerca de Jardines del Real, rogando que el movimiento le calmara.
Según la Dra. Fernández, un cólico se define técnicamente como:
- Episodios de llanto intenso
- Duran más de 3 horas al día
- Ocurren más de 3 días a la semana
- Persisten más de 3 semanas
- En un bebé por lo demás sano y bien alimentado
Lo que me ha funcionado con mis tres hijos (en diferentes grados):
- Posición cólico: Colocar al bebé boca abajo sobre el antebrazo, con su barriguita apoyada y la cabeza sostenida en la mano, mientras con el otro brazo damos suave soporte a su espalda.
- Masaje abdominal: En el sentido de las agujas del reloj, suavemente alrededor del ombligo.
- Calor moderado: Una mantita ligeramente caliente (¡nunca caliente!) en la barriguita.
- Movimiento rítmico: El paseo en el cochecito por las calles empedradas cerca de casa fue milagroso con Emma.
- Probióticos: Con Mateo, siguiendo recomendación médica, estamos usando probióticos específicos para cólicos.
- Infusiones: La de hinojo o manzanilla, en dosis pediátricas recomendadas por el pediatra (nunca por iniciativa propia).
Una noche especialmente difícil con Mateo, cuando nada funcionaba, Miguel descubrió por casualidad que el sonido del extractor de la cocina le calmaba instantáneamente. ¡Desde entonces tenemos grabado ese sonido en el móvil para emergencias!
Hambre, sueño y otras necesidades básicas: Lo elemental que a veces olvidamos
Durante las primeras semanas con Lucas, estaba tan obsesionada con los horarios que a veces olvidaba lo más básico. Con Emma aprendí a ser más flexible. Con Mateo ya sigo más mi intuición y sus señales.
Hambre no satisfecha
A veces los bebés parecen satisfechos pero realmente no han comido suficiente. Con Mateo, que fue algo prematuro, descubrimos que se quedaba dormido antes de terminar de comer realmente, y luego lloraba al poco tiempo.
Patrones de sueño alterados
Un bebé sobreestimulado puede entrar en un círculo vicioso donde está tan cansado que no puede dormirse. Con Emma esto era dramático – cuanto más cansada, más lloraba y menos podía conciliar el sueño.
Necesidad de contacto físico
Después de 9 meses en el útero, el contacto constante es una necesidad, no un capricho. El portabebés ha sido mi salvación con los tres. Con Mateo uso uno ergonómico que me permite seguir atendiendo a Lucas y Emma mientras él está tranquilo contra mi pecho.
Incomodidad por temperatura
Aquí en Valencia, con estos veranos tan calurosos, he descubierto que mis bebés lloran más cuando tienen calor. Un baño tibio (no frío) antes de dormir ha funcionado maravillosamente con Mateo durante la ola de calor que pasamos el mes pasado.
Señales de alerta: Cuándo el llanto requiere atención médica inmediata
Como madre experimentada pero no médico, siempre recomiendo consultar ante la duda. Sin embargo, estas son las señales que me han enseñado a no esperar:
- Llanto con un tono muy agudo o «diferente» al habitual
- Rechazo completo de la alimentación durante varias tomas
- Fiebre en bebés menores de 3 meses
- Vómitos proyectivos (con fuerza)
- Letargia (parece muy flojo) intercalada con llanto intenso
- Fontanela (la mollera) hundida o muy abombada
- Dificultad respiratoria durante el llanto
- Coloración azulada en labios o extremidades
Con Lucas tuvimos un episodio de llanto diferente, más agudo de lo normal, que resultó ser una infección de orina. Mi intuición me dijo que algo no iba bien, y aunque el pediatra de guardia inicialmente quiso tranquilizarme, insistí en pruebas adicionales. La maternidad también consiste en convertirse en la mejor abogada de tus hijos.
Estrategias efectivas para calmar a un bebé que llora: Lo que realmente funciona
Después de miles de horas acunando bebés, estas son las técnicas que mejor me han funcionado:
El método 5S del Dr. Karp
Con Lucas fue revelador descubrir este método que consiste en:
- Swaddling (Envolver): Arropar firmemente pero con comodidad
- Side/Stomach position (Posición lateral o sobre el vientre): Sostenerlo de lado
- Shushing (Sonido «Shh»): Hacer este sonido cerca del oído
- Swinging (Balanceo): Mecer suavemente
- Sucking (Succión): Ofrecer pecho, dedo limpio o chupete
Contacto piel con piel
Con Mateo, que nació algo prematuro, el contacto piel con piel ha sido nuestra mejor herramienta. Incluso Miguel ha descubierto que colocárselo en el pecho desnudo mientras está en el sofá calma a Mateo casi instantáneamente.
Cambio de estímulos
A veces, simplemente salir a la terraza o al balcón para que vea algo diferente interrumpe el ciclo de llanto. Con Emma funcionaba especialmente bien salir al jardín comunitario – la luz natural y el sonido de las hojas la tranquilizaban.
Baño relajante
No necesariamente con jabón, a veces solo agua tibia. Con Lucas descubrimos que un baño a media tarde (antes de la «hora del cólico») prevenía parte del malestar.
Ruido blanco o música específica
Con Emma era la lavadora. Con Lucas, el secador de pelo a distancia prudente. Con Mateo, como mencioné, el extractor de la cocina. Cada bebé tiene su «sonido mágico».
Durante las mañanas cuando llevo a Emma a la escuela mientras cargo a Mateo en el portabebés, he notado que el ruido ambiental de la calle le relaja bastante. Supongo que la combinación de movimiento, sonido y el estar pegado a mí le proporciona seguridad.
Cuidando de tu salud mental frente al llanto constante: Lo que nadie te dice
El llanto prolongado de un bebé puede ser devastador para nuestra salud mental. Después de semanas con Lucas llorando por sus cólicos, recuerdo un día que me encontró Miguel llorando junto a él, ambos desconsolados.
Lo que he aprendido y quiero compartir:
- Está bien pasar el relevo: Si tienes pareja, familia o amigos que puedan ayudar, acéptalo sin culpa. Miguel y yo nos turnamos en las peores noches con Mateo.
- La técnica de los 10 minutos: Si te sientes al límite, asegura que el bebé está seguro en su cuna, y tómate 10 minutos para respirar en otra habitación. No es abandono, es autocuidado.
- Busca apoyo especializado: Con Emma tuve un período difícil que ahora reconozco como síntomas de depresión posparto. Hablar con una psicóloga especializada me ayudó enormemente.
- Grupos de apoyo: Mi grupo «Madres Unidas Valencia» ha sido mi salvavidas, especialmente en las tardes de cólicos con Mateo.
- Normaliza tus sentimientos: Sentir frustración, impotencia o incluso enfado momentáneo no te convierte en mala madre. Te convierte en humana.
Aplicando lo que aprendí como maestra, la regulación emocional es clave: no podemos enseñar calma desde nuestro propio caos. A veces necesito calmarme yo primero para poder calmar a Mateo.
Preguntas frecuentes sobre el llanto del bebé
¿Es normal que mi bebé llore cada vez que lo dejo en la cuna?
Completamente normal. Los bebés están programados biológicamente para querer estar en brazos. Con Lucas utilizamos una técnica gradual donde lo acostábamos cuando estaba adormilado pero no completamente dormido, manteniendo nuestra mano en su pecho unos minutos.
¿El llanto excesivo puede dañar a mi bebé?
La Dra. Fernández me aseguró que el llanto en sí mismo no causa daño físico al bebé. Lo importante es descartar causas médicas y luego trabajar en estrategias de consuelo. Lo que sí puede ser problemático es el impacto en los padres, que al estar exhaustos pueden tener menos recursos para manejar la situación.
¿Los bebés manipulan con el llanto?
Este mito me lo dijo mi suegra con Lucas y me hizo mucho daño. Los bebés menores de 6-8 meses no tienen la capacidad cognitiva para «manipular». Lloran porque tienen una necesidad, aunque esa necesidad sea simplemente contacto humano.
¿Debo dejar llorar a mi bebé para que aprenda a dormir solo?
Este es un tema controvertido. En nuestra familia, después de investigar y consultar con profesionales, decidimos no utilizar métodos que impliquen dejar llorar a nuestros bebés. Con los tres hemos utilizado aproximaciones más graduales respetando su desarrollo neurológico.
¿Los bebés con lactancia materna lloran menos?
No necesariamente. Mateo está con lactancia materna exclusiva y ha tenido períodos de mucho llanto. Emma, que combinó lactancia con fórmula desde el principio por mis dificultades, era bastante tranquila. Cada bebé es un mundo independientemente de su alimentación.
Reflexiones finales: La luz al final del túnel del llanto
Si estás en plena batalla con un bebé que llora constantemente, quiero que sepas que no estás sola y que esto, aunque parece eterno, pasará. Recuerdo vívidamente esos días con Lucas cuando pensaba que nunca dejaría de llorar, y ahora es un niño de 7 años que me hace reír con sus ocurrencias.
En teoría perfecto, en la práctica sabemos que es durísimo. Pero cada día que pasa estás construyendo seguridad y confianza en tu bebé, aunque ahora solo veas lágrimas y escuches gritos.
Como siempre digo, cada niño es un mundo, pero espero que mi experiencia con Lucas, Emma y el pequeño Mateo te sirva de guía. Próximamente os contaré cómo estamos manejando la introducción de sólidos ahora que Mateo está entrando en esa etapa donde muestra interés por lo que comemos.
Cuéntame en los comentarios cómo has manejado los episodios de llanto con tus pequeños, ¡siempre aprendo tanto de vosotras! Y ahora, aprovechando que los tres están milagrosamente dormidos a la vez (¡sí, ocurre a veces!), voy a tomarme ese café que se me ha enfriado tres veces esta mañana.
Artículo actualizado en agosto de 2023 basado en mi experiencia actual con Mateo y la información más reciente de la Asociación Española de Pediatría.